Conociendo al Sr. Ernesto

Camino a mi casa en transporte público, subo a la unidad y tomo asiento junto a un señor de apariencia desgastada pero con la dureza en su rostro de las experiencias de la vida… Pisé parte de su chaqueta (abrigo), con cierta intencionalidad, ya que, invadía gran parte de mi asiento, pero el sujeto con gran educación pide disculpa y yo hago lo mismo.

Segundo más tarde comenta, con cansancio en su voz, el alivio que sentía que hubiésemos tomado transporte rápidamente, mencionó que el día anterior estuvo esperó una hora por abordar un microbus. Hablamos que esa línea de transporte en particular tenía mucha carencia de unidades y por ello las esperas y las colas eran largas.

Sin saber como, ni por qué, me comentó que su única familia eran cuatro perros y lo difícil de encontrarles comida, dos de ellos comían cualquier cosa, pero dos de sus familiares eran algo “payasos” para comer. Yo le indicaba que mi gato (Thor), comía casi de todo, comentario que aprovechó para aconsejarme que no le diera comida para perros, me contó que una vez tuvo un gato que casi muere producto de comer Perrarina.

Me contó que hace cinco años vivía en una plaza y su familia era de varios perros, una noche le dejaron 6 gatitos abandonados en su plaza, crió a todos los gatitos como su propia familia, mejor dicho, hizo a esos gatos parte de su familia, cinco hembras y un macho. Tiempo después las gatas tuvieron crías todas a la vez, llegando a estar rodeado de 48 gatos en un momento dado. También me habló de la Sra. Quijada, una gata que rescato de las garras de unos animales peligrosos, unos niños sin escrúpulos que la estaban maltratando y casi la matan, su nombre se debe a que la pobre gata tenía la quijada suelta. El mismo la llevó al veterinario, aunque siempre quedó con una patica lastimada.

Una noche, unos guardias le dieron una paliza, se lo llevaron fuera de la ciudad… Por lo visto, es la manera más “inteligente” que tiene el gobierno de mi país de “desaparecer” a los indigentes de las plazas, las explicaciones de todo lo que tuvo que hacer para regresar a la ciudad sobran, pero a su regreso encontró su familia desmantelada. La situación lo obligó a cambiar de plaza por su seguridad.

Antes de subirme en aquel bus estaba bastante impaciente por llegar a mi casa, pero cuando aquella unidad ya estaba a pocos metros de mi parada me dio cierta tristeza no poder seguir escuchando las historias del Sr. Ernesto… Un hombre con un gran valor humano, con más sensibilidad que la mayoría de las personas que he conocido y con más educación que muchos personajes con doctorados.

Me despido de él con un caluroso apretón de manos y al bajarme comienzo a repasar en mi cabeza aquellos minutos tan densos, primero lamentando que alguien de tanto valor para el mundo, como el Señor Ernesto fuera prácticamente invisible. Reflexionando una de sus frases “los perros son más inteligentes” ¿Y cómo no darte la razón amigo Ernesto? Cualquiera que vea el mundo como tu, no maltrataría un animalito indefenso hasta matarlo, nadie que te conozca y hable contigo te maltrataría y te separaría de tu única familia hermano.

Ojalá en el mundo existieran más personas como tu amigo Ernesto.